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Bienvenidos a La Hoja de Ruta: una mirada clara a lo que mueve a los mercados, públicos y privados.

Underwriting de crédito o leer la borra del café.
Si le preguntas a un inversionista de renta fija qué quiere de su portafolio, la respuesta casi siempre es la misma: un ingreso estable, recuperar su capital y un portafolio que no lo obligue a dar explicaciones cada trimestre. La duración nunca formó parte del trato. Venía pegada al cupón, como la letra pequeña de un contrato, y de tanto verla ahí terminamos asumiendo por hecho que así son los bonos.
Lo veo así: en un portafolio institucional o patrimonial, la parte pensada para generar rendimiento debería incluir mucho más crédito privado del que suele tener. No es por moda, sino por cómo está su estructura. Personalmente, prefiero administrar el riesgo de crédito que dedicarme a adivinar hacia dónde van las tasas.
Muchas veces hablamos de dos inversionistas distintos como si fueran uno solo.
El que compra un bono y lo guarda hasta el vencimiento observa la volatilidad sin que le afecte: mientras el emisor cumpla, los cupones llegan y el precio se recupera a la par. Si las tasas suben, lo único que pierde es haber atado su dinero a una tasa más baja que la del mercado. Nada más.
El otro inversionista normalmente compra un fondo de bonos o un ETF de renta fija y parte de una situación muy distinta. Ni el fondo ni el ETF vencen: cada vez que un bono llega a su vencimiento, lo reemplazan por otro y así conservan la misma duración. Por eso nunca llega el día en que el precio regresa a la par. Este inversionista carga con todas las oscilaciones de precios y tasas, pero sin la red de seguridad que ofrece el vencimiento.
Con un fondo de bonos o un ETF de renta fija, la situación cambia. Estos productos no vencen: cuando uno de sus bonos cumple su plazo, lo sustituyen por otro para mantener la duración, de modo que nunca llega el día en que el precio se recupera. El inversionista absorbe todo el movimiento de precios y tasas, sin un vencimiento que lo respalde.
2022 lo mostró con claridad. El Bloomberg US Aggregate cayó cerca de 13%, su peor año desde 1976, y los fondos mutuos de bonos en Estados Unidos registraron retiros, acumulando 393 mil millones de dólares.
Los fondos de pensiones y las aseguradoras compran bonos en el sentido más pleno: los mantienen hasta el vencimiento y usan la duración para calzar sus pasivos. En su caso, es una herramienta legítima. Para casi todos los demás, la duración es una apuesta. En México, el ciclo de recortes de Banxico, de 11.25% a 6.50%, hizo que esa apuesta saliera bien, pero con la tasa sin cambios por tercera reunión consecutiva.
El crédito privado le devuelve al inversionista la posición del comprador de bonos: un préstamo que se mantiene hasta el vencimiento cuyos pagos están establecidos en el contrato. Como casi todos estos préstamos son a tasa flotante, el cupón se ajusta a la tasa de referencia y el precio no tiene que absorber los cambios de las tasas.
El riesgo de tasa no desaparece; cambia de forma: se transforma en riesgo de crédito, un riesgo que permite analizar, negociar y monitorear. En direct lending de middle market y en crédito respaldado por activos, el trabajo consiste en revisar calendarios de amortización, covenants de mantenimiento, cobertura del servicio de la deuda así como el colateral identificado.
Un buen gestor de fondos de bonos o de ETFs también hace bien su tarea: se posiciona en la curva, rota entre sectores y escoge emisores. Pero buena parte de lo que el inversionista ve en su estado de cuenta depende de las tasas y los spreads, variables que el gestor no controla. Al invertir en crédito privado, el gestor fija los términos desde la originación y mantiene el préstamo hasta el vencimiento, de modo que una gran parte del resultado se decide al estructurar la operación.
Una prima de iliquidez solo se justifica cuando se compra algo concreto. En crédito privado, la compra tiene prelación: según Moody's, entre 1982 y 2010 los préstamos de primer gravamen recuperaron en promedio 65.8% después de un default, frente a 36.7% de los bonos senior no garantizados. Compra ingreso contractual, de donde proviene la mayor parte del retorno.
Y aporta estabilidad en las valuaciones, algo que considero una de las grandes fortalezas del crédito privado: no hay un vendedor forzado en el punto más bajo del ciclo ni presión por vender a pérdida un préstamo que sigue pagando. El riesgo, además, se lee préstamo por préstamo: apalancamiento, cobertura de intereses, margen frente a los covenants y préstamos que dejaron de generar intereses.
El crédito privado tiene riesgo, desde luego, pero es un riesgo que se puede estudiar antes de asumirlo y monitorear mientras se mantiene. La duración, para quien no tiene pasivos que calzar, es una opinión sobre el banco central disfrazada de bono.
Un abrazo,
CF3
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